1.1 Constelaciones de referencia

El cielo por la noche, si estamos en un lugar bien oscuro apartado de luces urbanas y no hay luna, se nos presenta como un conglomerado de puntos luminosos en el que parece imposible orientarse. Esta debe ser la primera lección para quien quiera adentrarse en el terreno de la Astronomía: reconocer en la bóveda celeste las principales estrellas y constelaciones. Aunque cada civilización, cada cultura, cada tribu organizó el cielo conforme a sus experiencias y leyendas locales, la Unión Astronómica Internacional fijó en 1925 el nombre y la disposición de las constelaciones “oficiales” que son las que iremos describiendo.

Para las constelaciones se estableció una designación en latín y una abreviatura de tres letras; así, la Osa Mayor se denomina Ursa Major y su abreviatura es UMa. A medida que vayamos identificando nuevas constelaciones se indicarán estos datos. En uno de los apéndices aparece la lista de las constelaciones, con su nombre habitual en español, el oficial en latín y su abreviatura.

Pulsa aquí para ver esta lista.

Las estrellas más brillantes tienen nombre propio, como por ejemplo la Polar, y así nombraremos unas cuantas que merecen ser memorizadas; pero es mucho más cómodo seguir la nomenclatura oficial que asigna letras griegas a las principales estrellas de cada constelación, generalmente en orden de brillo: la letra α se destina a la más destacada, β a la siguiente en brillo, etc. De esta forma la estrella Polar, que es la más importante de la Osa Menor, es la α UMi (Ursa Minor).

Pulsa aquí si quieres ver el alfabeto griego.

Así como hay un consenso universal en cuanto a los nombres de cada constelación, no lo hay en cambio para las figuras; cada dibujante une las estrellas como mejor le parece; si consultas cualquier otro manual encontrarás pequeñas diferencias en los dibujos. Es cuestión personal elegir unos u otros, siempre los que sean más intuitivos.

Nuestro recorrido comenzará localizando algunas estrellas y constelaciones que destacan claramente y que son fáciles de situar, del mismo modo que cuando estudiamos el plano de una ciudad desconocida hacemos el esfuerzo de retener algunos puntos relevantes (plazas, calles, edificios) que nos sirvan luego para orientarnos en su visita. A partir de esas referencias iremos en busca de otras menos llamativas trazando imaginariamente calles (rectas o curvas) en el cielo que nos lleven sin pérdida a identificar nuevas estrellas y constelaciones. Aquí damos las indicaciones que a nosotros nos han resultado más útiles y nos parecen más eficaces, pero con la práctica cada observador puede encontrar otras que le resulten más claras; si lees otros textos seguramente hallarás diferentes versiones; es asunto de cada uno retener las referencias que le parezcan idóneas.

La mejor manera de practicar, lo ideal, sería salir al campo y enfrentarse directamente al cielo estrellado en diferentes momentos del año. Como esto no siempre es fácil, proponemos que comiences practicando en casa con el mapa mudo:

  1. Imprímelo (pincha aquí).
  2. Ve trazando (a lápiz, y ten a mano una goma por si acaso) sobre él los dibujos de las constelaciones a medida que las vas reconociendo con las indicaciones que se dan en el texto, escribiendo los nombres o las letras de las principales estrellas que vayas localizando y los de las constelaciones. Para facilitar la labor especificamos siempre cómo debes colocar el mapa mudo para que practiques con él de forma semejante a como se ven en el cielo las figuras. Como norma general, la zona del mapa mudo en la que trabajarás debe quedar abajo. Nunca dibujes figuras en la parte alta del mapa pues las estarás viendo invertidas (boca abajo).
  3. Para comprobar que toda va bien imprime el mapa celeste (idéntico al mudo pero con las líneas y los nombres, algo así como el solucionario final) pinchando aquí y utilízalo para verificar que has identificado correctamente las estrellas que se van describiendo.

Antes de lanzarte al trabajo ten en cuenta lo siguiente.

Hay estrellas muy brillantes y otras que lo son menos, así que las calificamos por categorías: las más brillantes son de 1ª magnitud, las siguientes de 2ª, y así hasta las más tenues que se pueden percibir a simple vista (6ª magnitud). Hay unas pocas extraordinariamente brillantes a las que se asigna magnitud 0 o incluso -1. En el mapa mudo y en el celeste solo aparecen las estrellas hasta la magnitud 4 y el código utilizado para representarlas consiste en estrellas de cinco puntas para las magnitudes 0, 1 y 2 y pequeños círculos para las de magnitud 3 y 4, tal y como se indica en la leyenda. En el resto de los mapas que aparecen en el texto, obtenidos del programa Stellarium, todas las estrellas aparecen como círculos, más grandes cuanto más brillantes sean.

Como las estrellas parecen situarse en una esfera, cualquier dibujo es una proyección de cierta región de dicha esfera sobre un plano, lo que comporta inevitablemente alguna distorsión, alguna deformación; si la zona cartografiada es pequeña (como en los mapas de una sola constelación) las diferencias son inapreciables, pero cuanto mayor sea la parte representada (como en las amplias panorámicas por estaciones) mayor será también la distorsión. En el mapa mudo, que comprende todo el cielo visible desde nuestras latitudes, las constelaciones del centro aparecen sin deformación, pero a medida que nos acercamos al borde exterior la distorsión va haciéndose mayor y las figuras se alargan apreciablemente en sentido horizontal, como si hubieran engordado.

Una importante advertencia: el aspecto del firmamento cambia continuamente debido a los movimientos de la Tierra, de forma que en cada momento habrá muchas constelaciones que no podamos ver dado que quedarán por debajo del horizonte. Es más, las constelaciones no están siempre en la misma posición y orientación respecto a nuestro horizonte; los mapas que presentamos corresponden a una fecha y hora determinados por lo que cuando se mire al cielo será prácticamente imposible que se ajusten exactamente a la realidad.

Por eso las indicaciones familiares de “arriba”, “abajo”, “izquierda” o “derecha” deben utilizarse aquí con cautela pues no son del todo fiables. Sí podemos utilizar sin ambigüedad los términos “hacia el Norte” o “hacia el Sur” con este significado: ir “hacia el Norte” significa acercarse a la estrella Polar (del mismo modo que en la Tierra ir hacia el Norte consiste en acercarse al polo Norte geográfico), mientras que ir “hacia el Sur” indica que debemos alejarnos de la Polar. Esto es bastante intuitivo. En cambio las direcciones “izquierda” y “derecha” están invertidas cuando se mira al cielo.

Si en el suelo de una habitación marcamos los puntos cardinales obtendremos una familiar cruz como esta:

 

 

Pero si nos tumbamos boca arriba para observar el cielo con el Norte en la cabeza y el Sur en los pies, como en la figura 1.1, ahora la dirección Este queda en nuestro brazo izquierdo y el Oeste en el derecho.

Por eso en la bóveda celeste hay que imaginar una cruz como esta:

Pero no hay que preocuparse: lo fundamental es que la forma de cada constelación y las posiciones relativas entre ellas, esas sí que son siempre las mismas. Solo habrá que girar levemente el mapa para acomodarlo a lo que se ve en el cielo.

Finalmente otra dificultad que puede surgir cuando contrastemos el mapa con lo que de verdad se ve en el cielo proviene de los planetas (que no aparecen en los mapas). A simple vista se nos presentan como puntos de luz, es decir, como estrellas, con lo que pueden confundirnos a la hora de cotejar lo que vemos en el cielo con nuestros mapas. Hay que tener en cuenta que los planetas que pueden molestarnos (Venus, Marte, Júpiter y Saturno) son siempre muy brillantes (casi siempre de 1ª magnitud y muchas veces más brillantes) y que no centellean, no “titilan” como hacen todas las estrellas.

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